Insomnio: una obra sin estrenar (parte I)

Oscura la noche, tan oscura que pintaba para mucho: una mezcla de sentimientos. Es una ensalada de lamentos, predecible y sorprendente en un segundo…

Y la noche era mia aunque fingía que era de otros, parecía que este dia había nacido para mi y en su cúspide seria yo el que lo conquistaría, pasaban solo dos horas de la medianoche pero aunque parecían ser pocas eran las suficientes, no necesitaría tanto tiempo invertido para llegar ahí y necesitaría menos aun para huir, el punto no era el antes ni el después sino el durante; sabiendo que este me era incierto entonces me sentí mas seguro, que tedioso hubiese sido saber de ante mano lo que iba a suceder.

Me acompañaban mis aliados, mi fiel y leal sombra que a menudo reia con alguna broma, mi soledad sabiendo que era la que me inspiraba, mi ansiedad sabiendo que ella me daba confianza y mi miedo que me hacia fuerte.

No podría pedir mas, lo tenia todo, voluntad, deseo y esmero eso me hacia perfecto, no realmente pero era la idea que quería llenar ante un vacio real.

Y entonces me dispuse a caminar ante lo que parecía una abrumadora muerte y una asfixiante y cruel verdad.

Y ahí iba, solo ante el mundo, pero quien querría estar acompañado, solo aquellos tontos que jugaban al amor que yo había decidido no tener, me parecía mas fácil caminar ante la penumbra ahora.

Y es que probablemente ayer no hubiese tenido la voluntad, pero en el ayer era otro hombre, si es que eso era; en el ayer yo no existía luchaba para sobrevivir pero no podía realmente pensar, vivir o sentir.

Pero ahora todo es diferente, parece que me conocen pero no lo saben, al parecer; parece que me han visto cuando en verdad siempre pase desapercibido.

Ahora firmaría mi única obra pero esta seria perfecta y si alguien me recordaría algún dia, no será por lo que sucedió todos estos años atrás, sino por el momento que habría de eclipsar lo que nunca fue.

Y repito aun no sabia que pasaría, no sabia como serian las cosas, pero estaba seguro que serian.

Y ahí iba con mi gabardina negra, tan pulcra como mi consciencia, agitada por tus desprecios y alentada por tus engaños.

Y es que había pasado ante mis ojos el infortuito momento en que aprecie su engaño, y ya me habían dicho tantas cosas y yo tan ciego creía siempre en sus palabras aunque sus hechos parecían sospechosos nunca dude de aquella mujer.

Hasta aqui la cronica de un insomnio devaluado, en donde redacto el ensayo de una obra que nunca va a estrenar.

Sergio Molina

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