Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos…

Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado. Nunca ha olido una rosa. Nunca ha contemplado una estrella, NUNCA HA AMADO A NADIE, nunca ha hecho otra cosa que sumas. Se pasa el día diciendo, como tú ¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio! Lo que le hace hincharse de orgullo. Pero eso no es un hombre ¡es un hongo! (El principito)

Las cosas a veces no son lo que son porque no queremos que sean así, vivo ejemplo es mi lectura del Principito, lo leí en la básica obligada, cuando un buen amigo me dijo que al sentir amor en mi vida debía leerlo, lo hice y como él dijo nuevos significados surgieron; ahora con el corazón destrozado lo hice de nuevo y volvió a girar, sí aun 180 grados porque de alguna forma así lo quise.

Y hoy escribo acerca del principito este cuento de Antoine de Saint-Exupéry, desde mi perspectiva aplicándolo a un sentido mas real cuando llega el des-amor.

Es tan misterioso el país de la lagrimas, dice el cuento; entonces reflexiono que si durante una relación se llora mas de lo que se ríe, y si estas lagrimas no son producto de amor ni alegría, estas en peligro, poco a poco iras olvidándote de ti.

El país de las lagrimas es misterioso, algo de divino tiene la sal que no solo esta en el mar, también esta en nuestras lagrimas, pero no todos las merecen, ojo a quien se las das, puedes querer o amar, pero eso no significa que valga la pena…

Y recuerda que llorar no esta mal, dependen los motivos; dependen los porque.

No se debe nunca escuchar a las flores, solo se las debe contemplar y oler, La mía perfumaba mi planeta pero  yo no era capaz de alegrarme por ello.

Goza ya de lo que tu pareja te da y de lo que recibes da todo lo que puedas y aún mas, porque para luego ” ya es tarde”. Capta los detalles que tiene contigo, espera poco y te sorprenderás mucho. Las relaciones grandes siempre les han precedido las pequeñas cosas.

Se debe pedir a cada cual, lo que esta a su alcance realizar.

Ama a tu pareja tal cual es: acéptalo y no lo compares: ni con otras personas ni otras relaciones. No intentes cambiarlo, ni exijas más de lo que te puede dar, solo porque a ti te parece que no te ama como tu quisieras no significa que no te ama con todo lo que puede. Recuerda que si lo intentas cambiar y al final sucede, el cambio sería de afuera hacia adentro y esos no duran y al final será cualquier cosa menos amor.

Aprecia las cosas por lo que son, por lo que significan y no por lo que valen aparentemente para el mundo.

Algunas cosas no tienen que ver con la razón sino porque lo que valen para nosotros; si les decimos a algunas personas: He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado, jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: He visto una casa que vale cien mil dólares. Entonces exclaman entusiasmados: ¡Oh, qué preciosa es! Dejemos lo superficial a un lado, y amemos las cosas por lo que son, por los detalles.

Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante

Primero que todo a algunas personas les podría parecer una rosa una flor común, que se regala a los amantes; pero cuando se trata de nuestra propia rosa la vemos diferente, aunque sea el mismo blanco o el mismo rojo que otras a nosotros nos parece única.

¿Pero que pasa cuando todo termina?

Entonces reflexionamos y nos damos cuenta que existen “hubieras” y otros tantos “porqués” en ocasiones es muy tarde y a veces aun es tiempo, los problemas sea cuales sean pueden resolverse pronunciando palabras difíciles pero duraderas, las que te liberan y dan paz: “lo siento” y “perdón”  pon en balanza los momentos y verifica si el tiempo que pasaste con tu rosa fue lo que la hizo importante. Si la respuesta es si, no dejes ir lo que te puede dar felicidad por orgullo. Si la respuesta es no: viaja al misterioso mundo de las lágrimas dale tiempo al tiempo al tiempo y prepárate para un nuevo amo, al cual te sientas atado siendo libre al mismo tiempo.

Y al final atesora las palabras de Antoine: Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos

 

Escrito por Susy Belloso, edición de Sergio Molina.

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