Lo que la historia cuenta sobre mi viejo.

A mi viejo

Cuenta la historia, que al igual (tal vez) que muchos  su infancia y juventud fue de esfuerzo y sacrificio. Cuenta la historia que vivió una guerra civil, inestabilidad social, económica, terremotos, la selecta al mundial y otros.

Cuenta la historia que cuando salió de bachillerato su padre (mi abuelo) le dio la opción de trabajar en el taller de zapatería que era el negocio de la familia digámoslo así, o de querer entrar a la universidad debía costar sus estudios él solo.

Cuenta la historia que a pesar de las adversidades  decidió estudiar la universidad, se caso con mi madre, y vinimos tres: como hijos, como hermanos.

Cuenta la historia que fue un gran líder dentro de la iglesia a la cual asistimos, cuando menciono mi nombre entre los miembros de antaño aun me lo recuerdan con enorme gratitud; movía masas. Cuenta la historia que ayudo a muchos, que los andaba jalando para que no se quedaran atrás.

Cuenta la historia que el primer grupo scout formal de miembros de la iglesia a la que asisto (mormones) lo fundo él, si él; con personas de todo San Salvador; que la idea de tener un espacio para recrear jóvenes que estuvieran “siempre listos” fue una realidad. Que en casa scout de El Salvador en la historia, se grabó su nombre.

Cuenta la historia que una de mis pasiones que es el campismo, se debe a él; que sin ese sueño no supiera leer alfabeto morse, ubicarme con una brújula, hacer nudos y amar la naturaleza cosas que a mí me parecen geniales.

Cuenta la historia que me metió de pequeño a entrenar a la academia de “la chelona” que quería que fuera un gran futbolista; que me iba a ver a los partidos.

Cuenta la historia que con sacrificio se graduó de la universidad, si todo un Licenciado en Contaduría Pública de El Salvador, luego se convirtió en Auditor Externo – Fiscal, Administrador de la Educación y Consultor, que saco mas estudios de especialización y hasta una maestría, cuenta la historia.

Cuenta la historia que lleva más 15 años dando clases en la Corporación de Contadores de El Salvador, cuenta la historia que da clases en Universidades, que ha ayudado a otros a realizarse profesionalmente y que en la historia supo independizarse y establecer su despacho de contaduría-auditoría y consultoría; ¿la zapatería del abuelo? Esa en la historia aun existe también.

Cuenta la historia que era el patrocinador de un equipo de baloncesto, de jóvenes que le querían, que le seguían, que disfrutaban con nosotros en familia y que se consagraron por años como campeones.

Cuenta la historia que no recuerdo mucho de mi infancia, pero el ejemplo de ayudar a otros, la pasión por los jóvenes, por el campismo y por el futbol vino de él. Cuenta la historia que aprendí piano gracias a su ayuda.

Cuenta la historia que mi pasión por un equipo de El Salvador: Alianza Futbol Club vino de él y que gracias le doy por eso; me dicen que desde los cinco andaba ya en el estadio; no olvidare las finales que he asistido a ver con él en las que ganamos o las que perdimos y lloramos pero la historia las cuenta.

Cuenta la historia que la vida  juega malas pasadas y aunque no vivía ya con nosotros como familia, de alguna forma ahí estaba; cuenta la historia que cuando tenía quince años viviendo solo a donde mi abuela me escape y llegue en la madrugada y cuando se dio cuenta y temía gran reprimenda, en cambio recibí  disciplina con amor y consejos y eso no se olvida.

Cuenta la historia que a los dieciséis cuando el futbol era todo para mí me llevo a probar a las reservas del Alianza y saben ¿qué paso?  Era muy chico de estatura y no quede, pero en cada partido que tenía en otros torneos ahí iba, hasta que la historia me jugó una mala pasada y me quebré el tobillo: separación de la tibia con el peroné dijo el ortopeda, agregó fisura y meniscos dañados;  pero me apoyo y aunque no jugué como antes todo salió bien.

Cuenta la historia que mi viejo es de pocas palabras, serio aparentemente, un hombre con una inteligencia increíble, maneja las cosas con calma, prudencia y normalmente no dirá mucho pero lo que dirá lo dirá bien.

Cuenta la historia que cuando le comente que me iba a una misión de tiempo completo a servir a otros me dio su apoyo y en esos dos años ahí estuvo.

Cuenta la historia que mi pasión por los números por lógica tuvo que venir de él, que su despacho fue mi escuela, y que lo que soy de contador se debe en parte a él.

Cuenta la historia que cuando quería salir con una amiga a una cena, me prestó su auto, si el auto nuevo y bonito y se lo agradezco.

Cuenta la historia que las pocas palabras que él tiene pueden ser cortas pero causan impacto; que aunque no parezca está lleno de amor.

Cuenta la historia que hoy soy independiente, y que eso se debe a él también.

Pero en la historia no olvido algo, era diciembre de 2006 estaba en Guatemala y recibí una carta de él, me preparaba en un lugar llamado CCM y la carta decía al final: “Recuerda lo importante no es ser el mejor, sino saberlo ser” nunca se lo dije pero cada día de esos dos años, guarde la carta en la bolsa de mi camisa, junto con mi manual misional, junto con mi credencial misional y mi placa.

Cuenta la historia que aunque no lo veo seguido, la historia se le agradece, no soy quien para juzgar la historia; los errores no son mi derecho ni deber señalarlos, los grandes hombres hacen historia, y él la ha hecho; y sin duda la seguirá haciendo.

Llevo su nombre, seguro si un día hago historia como él: aunque no estuviese conmigo seguirá viviendo.

Te amo, mi viejo.

Sergio Molina

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