Dignos de confianza

Imagen

La premisa prefiero no ser amado a ser digno de confianza, me ha llamado a la reflexión, así que decidí sería interesante escribir sobre ser “Digno de Confianza”. Parte de este artículo es el resultado del aprendizaje obtenido al leer el libro de Robert E Wells sobre el tema más mi opinión personal.

La confianza es la opinión favorable en que una persona o grupo será capaz y deseará actuar de manera adecuada en una determinada situación y pensamientos. Es decir que una persona de confianza es justa en sus tratos y podemos estar seguros que él o ella no nos fallarán.

Una de mis frases favoritas dice así: ”Ganarse la confianza de otros tiene más mérito que ganarse su amor”.

Ser digno de confianza requiere preparación, esta preparación puede ser voluntaria o involuntaria; la involuntaria viene de las experiencias en la vida, que no planeamos, pero que nos enseñan mucho; la preparación voluntaria requiere acción, constante preparación y aprendizaje de habilidades. Es por eso que la persona perezosa jamás podrá llegar a ser digna de confianza. Si no tenemos empeño y nos falta el entusiasmo para aprender cuanta habilidad sea útil entonces estaremos limitados al mismo grado de nuestra ignorancia.

Para explicar más acerca de ser digno de confianza quiero poner en la mesa la analogía de un banquero al momento de extender un préstamo a una persona; un banquero puede extender crédito solamente a las personas en quienes él puede confiar, a pesar de lo mucho que pueda amar a los que no son dignos de su confianza.

Se ha dicho que la verdadera valía de un hombre se puede medir, no por lo que tiene, sino por lo que le pueden prestar, es decir, hasta qué grado se le puede confiar el dinero de otras personas. Un banquero es un mayordomo que a su cargo tiene el dinero que regularmente no le pertenece, pero por el cual es responsable. Por eso debe tomar toda precaución posible para otorgar préstamos únicamente a quienes pueden y estén dispuestos a pagar.

Los banqueros usan una fórmula para determinar a quién pueden confiarle el dinero del banco. Esa fórmula puede también aplicarse a la confianza moral. La fórmula bancaria para determinar si se le puede confiar a alguien el dinero del banco consiste en examinar el carácter, capacidad y capital del solicitante.

La persona que solicita un préstamo, promete pagarlo. Pero si el banquero duda de la base moral del solicitante y piensa que éste pagará sólo cuando las cosas salgan bien, no lo considerará digno de confianza y no se otorgará el préstamo.

Hablando sobre el carácter, las personas son dignas de confianza si viven de acuerdo con su código moral. El ser leal a su propio código es de primordial importancia.

Podríamos decir que el carácter es la cualidad que nos lleva a hacer siempre las cosas correctas por las razones correctas. Eso sería lo ideal tanto en tratos de dinero como en otros tratos con nuestros semejantes. Si siempre hiciéramos eso, tanto el banquero como nuestros compañeros de trabajos nos catalogarían gente de confianza.

El carácter puede definirse como la suma de nuestros atributos personales. Esos atributos se hacen evidentes por la manera en que vivimos nuestra vida. Nosotros nos medimos a nosotros mismos mediante esos atributos, y otros también nos miden. Lo que hacemos y decimos revela más sobre nuestro carácter que lo que otros puedan decir sobre nosotros. Nuestro carácter gobierna la manera en que hablamos, la manera en que actuamos y pensamos. Lo que los demás perciben en cuanto a nuestras palabras y acciones, y lo que dicen sobre ellas, constituye nuestra reputación.

Frecuentemente confundimos carácter con reputación. La reputación no es más que la opinión que los demás tienen de nosotros, y puede ser mejor o peor que nuestro carácter. El carácter es algo interno. “El carácter es la voluntad de cumplir nuestras resoluciones, aunque ya haya pasado el entusiasmo del primer momento”.

El banquero enfrenta un desafío al valorizar el carácter de un cliente. La manera acostumbrada consiste en la recopilación de datos a partir de fuentes tales como otros bancos, agencias de información sobre crédito, competidores, otros negocios que también le proporcionan crédito al cliente, etc. De ahí se forma una imagen compuesta a partir de esa compleja mezcla de historia personal, rasgos y cualidades. En realidad, el banquero está tratando de identificar los riesgos morales. ¿Será el cliente honrado en verdad y usará los fondos para el propósito declarado, o tomará el dinero y cambiará su domicilio, o hará una jugada para desaparecer? ¿Hará el cliente todo lo que pueda para pagar el préstamo, sin importar el sacrificio personal, o se olvidará de su compromiso si se enfrenta a algún desastre, la “mala suerte” o el infortunio? Lo que el banquero quiere es descubrir la historia del cliente en cuanto a sus intenciones y disposición de cumplir, para así poder proyectar su comportamiento futuro. El banquero toma la peor perspectiva: inflación, altas tasas de interés, nuevos competidores, y todos los otros factores de la economía, tanto nacional como internacional, y luego analiza el carácter del cliente al hallarse bajo presión. Pero por más objetivo que trate de ser, hasta cierto punto siempre tiene que depender de su juicio personal.

¿Puede el banquero juzgar y evaluar al cliente usando solamente sus propias normas, o puede tener el cliente una tabla de valores diferente y aun así ser considerado moralmente solvente para los propósitos del banco?  Son preguntas interesantes que deben responderse los analistas de crédito, y son preguntas que podrían hacerse nuestros compañeros sobre nuestro carácter para confiarnos cosas.

Ahora hablemos de la capacidad, en el caso del banquero es la tarea de descubrir si su cliente tiene la habilidad comprobada de cumplir lo prometido. El carácter es la intención de cumplir. La capacidad es la habilidad para cumplir. Yo creo que cada uno de nosotros tiene el deber de multiplicar su capacidad y actuación en toda forma posible. Al hacerlo, justificamos la confianza que se deposita en nosotros, en algunos casos la capacidad es un punto en el que fallamos.

A veces no somos capaces de que las personas confíen en nosotros, en esos momentos aceptar la realidad tiene su mérito. Hablamos de resignación inteligente, no de aspiración derrotada la grandeza se puede alcanzar en el mismo puesto donde actualmente nos encontramos. La posición más importante en el mundo es la que hoy ocupamos. En lugar de ambicionar locamente, y desesperarnos por obtener una capacidad que en realidad carecemos, concentrémonos en servir y trabajar donde estamos para desarrollar dicha capacidad.

Desde pequeño se me enseño que el trabajo dignifica al hombre, lo hace capaz, probablemente no le de todo lo que desea pero si todo lo que necesita.  La capacidad y el trabajo no se pueden separar; debemos amar lo que hacemos para ser dignos de confianza de lo que se nos entrega.

En términos de otorgamiento de un préstamo, el banquero también hace un inventario del capital del cliente. Quiere saber de ese capital por razones como: una reserva de la que dispone el cliente para cumplir con los pagos en caso de que, debido a una emergencia, tenga que pagar de sus reservas y no de las ganancias producidas por el préstamo; como una medida de su seriedad en la empresa y como indicación de la valía total del cliente.

Considerando en términos de determinar la confianza que nuestros compañeros nos tienen, ellos pueden preguntarse si tenemos una buena relación con los demás, si poseemos un estado actual de dignidad que nos alejen de vicios que podrían desmerecer nuestra utilidad; el capital podríamos aplicarlo como la acumulación moral que una persona ha logrado por vivir una vida justa; constituyéndose por bienes o reservas que puede hacer uso en tiempos de necesidad.

La “C” de la Confianza es la misma del Carácter, la Capacidad y el Capital. Como buenos banqueros, todos debemos evaluar con regularidad nuestro carácter, nuestra capacidad y nuestro capital y saber si podemos ser y sentirnos dignos de confianza.

El carácter, la capacidad y el capital dependen primordial mente del grado de desarrollo de nuestro autodominio. No se puede confiar en una persona que no tiene control de sí misma.

Bien se dice: “Los pensamientos se convierten en palabras.  Las palabras se convierten en acciones. Las acciones se convierten en hábitos. Los hábitos forman el carácter. El carácter determina nuestro destino.”

Si incrementamos nuestro carácter, nuestra capacidad, nuestro capital y nuestro autodominio, también aumentaremos esas características en nuestra esfera moral y los demás lo sabrán: tanto nuestros compañeros, clientes o el banquero.

Recordemos la analogía del banquero y el solicitante de un préstamo; para que hagamos nuestra, la frase: ”Ganarse la confianza de otros tiene más mérito que ganarse su amor”. Porque de ser así: debe ser únicamente porque la confianza incluye todo lo que el amor otorga.

Sergio Molina

Anuncios